Cuando los conquistadores españoles iniciaron el largo proceso de explorar las montañas de la Sierra Nevada en los Andes Venezolanos (segunda mitad del siglo XVI), se encontraron que éstas ya habían sido descubiertas y conquistadas por aborígenes que poseían una cultura bien establecida y un desarrollo agrícola particularmente avanzado: siglos de cultura y avances que serían despreciados y casi borrados por la fuerza y la doctrina. En las montañas desérticas que bordean la hoya hidrográfica del río Nuestra Señora (conocido como río Negro en su desembocadura al río Chama, por el color oscuro de los sedimentos que portan sus aguas) aquellos aborígenes habían ingeniado la construcción de un complejo sistema para conducir agua a sus casas y sembradíos, que consistía de un conjunto de canales cavados en las laderas de las montañas, los cuales se adaptaban de tal forma a la topografía del terreno que el agua fluía sin turbulencia, pasando por túneles y puentes fabricados de piedra y madera, a lo largo de distancias que superaban los cientos y miles de metros.  Los españoles dieron a estos canales el nombre de “Acequias” y estaban tan impresionados con ellos que llamaron a ese lugar “El Valle de las Acequias”. Entre los aborígenes mencionados se encontraban los indios Mucuño, quienes habitaban varias montañas, desde donde se divisaba el valle del río Nuestra Señora y los picos de la Sierra Nevada. Los invasores decidieron fundar allí uno de los primeros pueblos de doctrina de los Andes Venezolanos, interrumpiendo y despreciando de manera violenta el proceso cultural de los habitantes de la región, al tiempo que se repartieron las tierras del valle junto con las familias Mucuño que allí habitaban. Fue así como, de acuerdo con una serie de documentos históricos, el pueblo de San Antonio de Mucuño es fundado en el año de 1620, en el llamado Valle de las Acequias, sobre la mesa de Chaquentá, por orden del Visitador General de las Provincias de Mérida, Pamplona y Tunja, Licenciado Alonso Vásquez de Cisneros, quien no sólo especificó las encomiendas que se reunirían para formar dicho pueblo, sino que definió también su ordenamiento espacial (Clarac, 1990), estableciendo, así mismo, su estructura social. Esta fundación era conveniente a los conquistadores, porque al reunir a los habitantes de varias encomiendas en un solo pueblo se facilitaba su adoctrinamiento y control por parte de las autoridades, así como también su explotación para la producción agrícola: no pensaron en la seguridad ni en la sostenibilidad del  poblado en ese lugar. Casi a partir del momento en que los Mucuño fueron obligados a vivir en la Mesa de Chaquentá, comenzaron a experimentar una serie de problemas y vicisitudes relacionados principalmente con la errada selección del sitio de fundación, que culminaron con el abandono del lugar. En efecto, hoy en día lo que queda allí son un grupo de ruinas, conocidas como “Pueblo Viejo de Acequias”, las cuales presentan una característica particular: se trata de dos conjuntos de edificaciones de tapia (paredes de tierra pisada) que parecen corresponder a dos poblados diferentes. En la figura 1 se puede apreciar la disposición de las ruinas (dos iglesias, dos plazas, dos conjuntos de casas) y algunos detalles interesantes. Según las descripciones de Mucuño que se encuentran en documentos antiguos (Villafañe y Nadal, 2004), el pueblo fue mudado de su sitio original de fundación (encerrado en la elipse amarilla de la figura 1), para ser localizado en un nuevo lugar (elipse verde en la figura 1) por causa de fenómenos naturales. En un documento que data de 1672, los habitantes del pueblo solicitaban a las autoridades que se les asignara un nuevo lugar para refundar a Mucuño debido a la escasez del agua y al peligro que representaban los “bolcanes” para los habitantes del poblado. Cuentan que ese año de 1.672, el cielo no paró de llorar sobre el Valle de las Acequias, con lluvias tormentosas que duraron todo el año, haciendo crecer tanto las quebradas que se hizo necesario construir puentes colgantes para cruzarlas. Una de esas noches arreció tanto la lluvia que el agua penetró profundo en la tierra, obligando a los Mucuño a salir de sus viviendas, aterrorizados al sentir que el suelo se movía y sus casas traqueaban como si fueran a desplomarse. Varios “bolcanes” produjeron daños notables en los caminos, amenazando con dejar incomunicados a los Mucuño al destruir el antiguo camino que conducía hacia el valle del río Chama y la ciudad de Mérida (figura 1). De acuerdo con Clarac (1990) el fenómeno denominado “bolcán” por los indígenas de la región andina de Venezuela es equivalente al denominado Huayco por los peruanos, que son flujos de lodo y piedras con gran poder destructivo, los cuales tienen su origen en la existencia de capas de suelo deleznables en la superficie o depósitos no consolidados de suelo, que son removidos por las lluvias. A pesar de esos reclamos, la mudanza de Mucuño no se aprobó ese año, ni tampoco durante las dos décadas siguientes, tal como se puede constatar en los archivos históricos del Estado Mérida, donde reposan otros documentos con fecha del 21 de Mayo de 1692 (firmados por caciques del poblado, escribanos, maestres de campo, capitanes y el cura doctrinero, entre otros) donde se explica y justifica la urgente necesidad de la mudanza debido a rigurosos inviernos que han aumentado los bolcanes y crecidas torrenciales, y la frecuencia de los terremotos, a los que se asocia la aparición y reactivación de grandes grietas y hendiduras en el terreno donde se asienta una parte del poblado.

Figura 1: Vista sur-norte de la Mesa de Chaquentá, donde se localizan la primera fundación de San Antonio de Mucuño (elipse amarilla) y el sitio de su mudanza (elipse verde). Las flechas amarillas señalan las posibles huellas que dejaron en el terreno las crecidas torrenciales y bolcanes. Es notable el terreno plano y limpio localizado frente y al lado de cada una de las iglesias (¿posibles plazas?). La plaza del primer poblado está cortada por un escalón, o grieta, el cual es mencionado en los documentos históricos como una consecuencia de los terremotos.

Al parecer la mudanza del poblado resultó una lucha larga y terrible, que fue liderada por el cacique de los Mucuño, cuyo nombre cristiano era Don Juan, hombre con temple de acero que años antes viajó a pie desde el Valle de las Acequias hasta Bogotá para quejarse oficialmente de los malos tratos que dispensaban los encomenderos españoles a los aborígenes del valle. Durante varios años Don Juan y los Mucuño se dirigieron a todas las instancias, escribieron cartas, se entrevistaron con los encomenderos y recibieron la visita de comisiones del Gobernador de la Provincia de Mérida sin lograr el permiso y el terreno para fundar de nuevo su pueblo. Cuentan que Don Juan viajó a Mérida a entrevistarse con las autoridades de la región y consiguió que una nueva comisión del gobierno de Mérida visitara el lugar para constatar el peligro inminente que los amenazaba. Los terremotos debieron afectar notablemente al poblado (figura 2) y jugaron un rol determinante en la necesidad de mudarlo, tal como quedó plasmado en uno de los documentos de 1692, que recoge el testimonio del cura doctrinero de San Antonio de Mucuño, Don Francisco de Eusa, quien informa al Teniente de Gobernador de la Provincia de Mérida lo siguiente: “Digo que es verdad que el dicho pueblo está muy peligroso y con manifiesto riesgo, amenazando ruina por todas partes, pues desde los temblores pasados quedó todo hendido y con grietas profundas, atravesando una de ellas toda la iglesia, la cual nuevamente se “profundo” (activó y se hizo profunda) con los temblores próximos del año pasado, y resultó que otra raja que atravesó por el patio de mi casa, cruzando por la iglesia dejando así el suelo de esta iglesia con sus paredes muy maltratadas y además de esto con el invierno riguroso de todos los años y avenidas de crecientes por ser el sitio pendiente, con la continuación de las aguas se han profundizado los sanjones resultando cada día nuevos bolcanes que impiden así la entrada del pueblo como la comunicación de los naturales y asistencia de sus casas, por cuya causa la mayor parte de los indios faltan a su pueblo temiendo el peligro en que se ven, así mismo padecen el mayor riesgo los muchachos y chinas párvulos (muchachas) … de que pueden resultar graves daños rodando algún bolcán que los coja a todos sin poderlo remediar y sepultados perezcan todos…”. Este testimonio es muy importante para establecer la posibilidad de que unos terremotos ocurridos a finales de 1673 y comienzos de 1674 fueron eventos determinantes de la mudanza del poblado. El padre Eusa se refiere a  dos grupos de sismos: “los temblores pasados” ocasión en que “quedó todo hendido y con grietas profundas, atravesando una de ellas toda la iglesia,” (figura 1); y “los temblores próximos del año pasado” refiriéndose a unos temblores de 1991 que reactivaron la grieta de la iglesia y abrieron otras nuevas. Esos “temblores pasados” deben ser los terremotos que asolaron la región andina en 1674, puesto que en los catálogos sísmicos existentes no se reportan otros eventos en el periodo de tiempo considerado (Laffaille, Audemard y Alvarado, 2010).

Figura 2: Iglesia de la primera fundación de San Antonio de Mucuño (iglesia 1 en la figura 1). Edificación imponente con sus enormes paredes de tierra pisada, algunas de cinco metros de altura, casi media cuadra de largo por veinte metros de ancho, reforzada con enormes contrafuertes para hacerla resistente a los movimientos del terreno, temblores y terremotos.

Los Mucuño se refieren a los terremotos que dañaron su pueblo, señalando que “fueron muy fuertes y continuados, de donde quedó la tierra muy lastimada y con aberturas”, descripción que se ajusta muy bien con lo acontecido en 1674, ya que según diversos autores (Palme y Altez, 2002) estos sismos  afectaron toda la región occidental de Venezuela y se trató de una secuencia de varios eventos que comenzó el 8 de Diciembre de 1673 y que continuaron sacudiendo la región hasta el día 23 del mes de Enero de ese año de 1674, ocasionando movimientos de masa en diversos puntos de la geografía andina y los consecuentes daños asociados con crecidas torrenciales y flujos de detritos. Según los mismos autores, entre el 16 y el 18 de Enero se sintieron más de 30 temblores, siendo el más fuerte de ellos el del día 16 a las 3 y 30 de la tarde. Investigaciones paleosismológicas realizadas en la región cercana al Valle de las Acequias (Laffaille, Audemard y Alvarado, 2010) confirman que los terremotos de 1673-1674 tuvieron efectos importantes en la región, uno de los cuales pudo ser la activación (o reactivación) del deslizamiento que destruyó algunas de las viviendas de San Antonio de Mucuño (figuras 1 y 3).

Figura 3: Vista desde el oeste de uno de los escalones curvos (corona, señalado con flechas amarillas) que afectó las edificaciones del pueblo. En el recuadro rojo se destaca lo que queda de una de las casas, prácticamente cortada en dos por el movimiento del terreno, el cual deslizó en la dirección indicada por la flecha roja.

La segunda fundación, con el mismo nombre de “San Antonio de Mucuño” en honor al patrono cristiano de los Mucuño, debió realizarse en algún momento entre el año de 1693 y el mes de Mayo de 1695, tal como consta en dos documentos del mencionado archivo. En uno de ellos el Maestro Don Ignacio de Uscátegui reclama el pago de unas tierras de las que fue despojado el seis de junio de 1693, las que encontró pobladas por los Mucuño cuando regresó de un viaje a Santa Fe en Mayo de 1695. En el segundo documento, firmado por Don Francisco de Eusa (cura doctrinero de San Antonio de Mucuñó) y de fecha 15 de Junio de 1693, se establecen los límites del nuevo Mucuñó, uno de los cuales queda cerca del “bolcán grande que es orilla de la población vieja”. Este sitio cercano al pueblo antiguo no era del agrado de los Mucuño y se quejaron de ello a través de sus autoridades locales, caciques, capitanes, capitán gobernador, señalando que ellos habían propuesto un sitio mejor en las tierras del Capitán Alonso de Toro Holguin, pero que Don Francisco de Eusa les rompió su propuesta, escribiendo otra de su puño y letra, obligándolos a poblar el sitio por él elegido, lugar donde ya había señalado la iglesia. Esta clase de actitud no era extraña por parte de los conquistadores, quienes llegaban a extremos tales como quemar las viviendas originales de los indígenas, las cuales usualmente no se agrupaban en poblado alguno sino que se encontraban desparramadas en diferentes lugares de las montañas, con la finalidad de reunirlos en un sitio conveniente a sus intereses (por ejemplo, esta práctica fue aplicada a los indígenas de Tabay en el año 1602, Samudio, 1996). El engaño del cura doctrinero enseñó a los Mucuño que las tierras que antes cuidaban y sembraban construyendo terrazas en las laderas de las montañas, el suelo donde levantaron sus casas y bohíos, todo tenía ahora nuevos dueños, porque hasta los soldados que acompañaron a los jefes conquistadores españoles eran ahora encomenderos, mientras que ellos, los aborígenes del valle, los fertilizadores del desierto, no eran dueños de nada.  No podrían mudarse a un sitio seguro porque a sus nuevos dueños, ignorantes de la realidad de las montañas, simplemente no les convenía.

Bibliografía

-Clarac de Briceño, J. 1990. Etnohistoria de San Antonio de Mucuño. Boletín Antropológico, No. 20, Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela.

-Centeno G., M. 1940. Estudios Sismológicos. Litografía El Comercio. Caracas. 365 p.

-Grases, J., Altez, R. y Lugo, M. 1999. Catálogo de sismos sentidos o destructores. Venezuela. 1530–1998, Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales/Facultad de Ingeniería Universidad Central de Venezuela, Editorial Innovación Tecnológica.

-Laffaille, J., Audemard, F., Alvarado, M. 2010. San Antonio de Mucuñó, Mérida Andes, Venezuela: Relocation of a doctrine town following the 1674 earthquake, in Sintubin, M., Stewart, I.S., Niemi, T.M., and Altunel, E., eds., Ancient Earthquakes: Geological Society of America, Special Paper 471, in press.

-Nadal, A., Villafañe, M. 2004. Mudanza del pueblo de San Antonio de Mucuño para otro sitio mas apropiado en tierras de la Encomienda del Capitán Alonso de Toro Holguin, en el Valle de Acequias, 1692. Procesos Históricos: Revista de Historia, Arte y Ciencias Sociales, ISSN 1690-4818, No 5.

-Palme, C. y Altez, R. 2002. Los terremotos de 1673 y 1674 en los andes venezolanos. Interciencia, mayo 2002, vol.27, no.5, p.220-226. ISSN 0378-1844.

-Samudio, E. 1995 Proceso de Poblamiento y Asignación de Resguardos en Los Andes Venezolanos. Revista Complutense de Historia de América, Nº 21, Madrid, España, 1995. Pp.167-208.

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2 Responses to “Mudanza del pueblo de San Antonio de Mucuño: crónica de errores de las armas y la cruz (por Jaime Laffaille)”

  1. En enero del 2003 estuve por primera vez en estas ruinas de las cuales me había enterado por medio de un programa de televisión. Desde entonces he ido en varias oportunidades a visitarlas y me llama la atención como están abandonadas. Por allá alguien se condolió y colocó un pedacito de lata sobre una de las tapias como para protegerlas de la lluvia. Hay que ver lo resistente de esa construcción que tiene mas de 400 años, abandonada a la buena de Dios y aún quedan importantes vestigios. Quiero aprovechar esta oportunidad y este medio para dejar una inquietud: me pregunto porqué estas ruinas de Mucuñó están totalmente abandonadas, siendo según algunos entendidos, el último vestigio arquitectónico original de los pueblos de doctrina en Venezuela y por lo tanto un patrimonio cultural. Aunque estos vestigios sean tan pequeños en comparación con las ruinas Mayas, Aztecas o Incas, las autoridades competentes deberían convertirlas en un gran atractivo turístico, histórico, arqueológico y darlas a conocer públicamente. Muchas gracias

  2. [...] historias de pueblos antiguos  que fueron mudados por causa de deslizamientos (ver en notisismo Mudanza del pueblo de San Antonio de Mucuño: crónica de errores de las armas y la cruz )  y de pueblos que hoy en día conviven aterrados con esta clase de procesos (como La Mesa de Los [...]

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