El mundo entero pudo presenciar por televisión e internet, prácticamente en tiempo real, el impacto del terremoto que sacudió a Japón el día 11 de Marzo de este año 2011. Muchos aspectos que aparecieron en medio del gran despliegue informativo, son dignos de discusión. Uno de ellos es el comentario de que “era algo sorprendente, inesperado”, como algo de mala suerte que “además del terrible terremoto, también un tsunami”.  Este comentario lo repetían una y otra vez locutores y comentaristas mientras transmitían las escenas de destrucción de poblados, miles de vidas e infraestructuras, ocasionada por las olas del tsunami generado por este sismo de 9 grados de magnitud, con epicentro en el mar frente a la costa noreste del Japón. Sin embargo, lo normal es que casi todos los grandes terremotos, los “gigantes” como también se les denomina, suelen venir acompañados de otras amenazas: tsunamis (en caso de sismos con epicentros en zonas profundas del océano como en este caso), movimientos de masa (deslizamientos, derrumbes, etc.), crecidas de ríos y quebradas, erupciones volcánicas (al histórico terremoto de Hoei, Japón, de magnitud cercana o igual a 9, se le asocian un tsunami y la última gran erupción del volcán Fujiyama en el año 1707, hace ya más de 300 años), etc. También se mencionó mucho, y con cierto asombro, la terrible coincidencia de que las olas del tsunami afectaran unas centrales nucleares en Japón (figura 1), generando alarma mundial ante la posibilidad de un desastre nuclear: lo cierto es que uno de los rasgos comunes de los grandes terremotos es su capacidad para poner en evidencia los puntos vulnerables de nuestros centros poblados.

Figura 1: Planta nuclear de Fukushima antes y después del terremoto y tsunami de Japón ocurrido el 11 de Marzo del 2011 (http://www.abc.net.au/news/events/japan-quake-2011)

Ante estas imágenes, acompañadas por los comentarios mencionados anteriormente, es necesario recordar un aciago día de la historia  mundial: el 22 de Mayo de 1960, fecha cuando ocurrió el terremoto más grande del mundo, gigante entre los gigantes, de 9.5 grados de magnitud, conocido como El Gran Terremoto de Valdivia de 1960 (Chile). En las ciudades de Valdivia, Alerce y Riñihue (Chile) la intensidad macrosísmica alcanzó el valor X en la escala de Mercalli, casi 6000 personas perdieron la vida, cerca de dos millones quedaron sin hogar en toda la región, las pérdidas económicas en el sur de Chile alcanzaron los 550 millones de dólares y 58000 viviendas resultaron totalmente destruidas en Chile. No llegó solitario este gigante, muchas amenazas se presentaron con él y, entre ellas, un gran tsunami que afectó casi toda la costa de Chile y sus pueblos cercanos. La energía del tsunami fue suficiente para cruzar el Océano Pacífico y ocasionar daños materiales y pérdidas humanas en lugares tan distantes como las costas de California (figura 2b), Hawái (a 9000 km, figura 2d) y Japón (a 15000 km). La longitud de ruptura de falla asociada a este evento y sus múltiples réplicas superó los 1000 km, en la frontera entre las placas tectónicas de Nazca y Sur América. Las líneas de costa de Chile fueron modificadas por efecto del “hundimiento” del terreno (subsidencia asociada con el terremoto) resultando inundadas muchas zonas pobladas. Se produjeron incendios destructivos (figura 2c), muchos movimientos de masa en la zona montañosa de Chile, hizo erupción el volcán Cordón Caulle en el parque nacional de Puyehue (figura 2a), cuentan que algunos ríos cambiaron su curso y llegaron a formarse nuevos lagos, produciéndose cambios drásticos en la geografía chilena.

Figura 2: algunos de los efectos asociados con el terremoto y tsunami de Chile de 1960. (a) Erupciones volcánicas, (b) y (d) efectos del tsunami en costas remotas y (c) incendios (fotos cortesía del Servicio Geológico de los Estados Unidos USGS-NOAA).

Como consecuencia de este terremoto gigante, el canal de salida de las aguas del lago Riñihue (Chile) quedó tapado por tres grandes deslizamientos de tierra, de tal forma que su nivel fue aumentando paulatinamente, amenazando con inundar todas las casas en sus riberas (figura 3) y arrasar con todas las viviendas, haciendas, industrias y parcialmente la ciudad de Valdivia (localizadas cerca de los cauces de los ríos San Pedro y Calle-Calle, alimentados por este lago y afluentes del río Valdivia), que la ola de descarga encontraría a su paso, cuando los tres tapones cedieran ante la gran masa de agua que crecía día a día. Gran parte de la población amenazada abandonó sus viviendas y permaneció durante varios días a la intemperie, iluminando las noches en las montañas cercanas con las fogatas que les servían para sobrevivir al frio y aliviar el miedo. No había nada de irracional o exagerado en ese comportamiento, solo era el efecto de la memoria histórica popular del pueblo Chileno, que recordaba que el 16 de Diciembre del año 1575 ocurrió un terremoto comparable al de 1960, que vino acompañado de un maremoto que penetró varios kilómetros tierra adentro y que también derribó los cerros y produjo un represamiento de las aguas del lago Riñihue.

Figura 3: Recorte de prensa de la época donde se habla de La Epopeya del Riñihue en 1960, como es conocida en Chile la gran labor de ingeniería desarrollada para aliviar el nivel del lago e impedir que acumulara más agua, salvando así a decenas de miles de personas que habitaban aguas abajo. A la derecha se observan dos imágenes, tomadas con diferencia de días, donde es notable el aumento del nivel y las viviendas inundadas.

En aquella oportunidad (1575) el lago permaneció rebalsando durante cuatro meses y a finales del mes de Abril las aguas rompieron el dique natural y se descargaron hacia el valle arrastrando todo lo que se encontraba a su paso. Según cuenta Diego Barros Arana (Historia General de Chile, Tomo II, pag. 245) “En Valdivia, los efectos de esta inundación fueron verdaderamente desastrosos. El capitán Mariño de Lobera, que desempeñaba este año el cargo de corregidor, en previsión de este accidente, había dispuesto que los vecinos de la destruida ciudad, establecieran sus habitaciones provisorias en una altura inmediata. «Con todo eso, cuando llegó la furiosa avenida, puso a la gente en tan grande aprieto que entendieron no quedara hombre con vida, porque el agua iba siempre creciendo de suerte que iba llegando cerca de la altura de la loma donde está el pueblo; y por estar todo cercado de agua, no era posible salir para guarecerse en los cerros, si no era algunos indios que iban a nado, de los cuales morían muchos en el camino topando en los troncos de los árboles, y enredándose en sus ramas. Lo que ponía más lástima a los españoles era ver a muchos indios que venían por el río encima de sus casas, y corrían a dar consigo a la mar, aunque algunos se echaban a nado y subían a la ciudad como mejor podían. Esto mismo hacían los caballos, y otros animales que acertaban a dar en aquel sitio procurando guarecerse con el instinto natural que les movía. En este tiempo no se entendía en otra cosa sino en disciplinas, oraciones y procesiones, todo envuelto en hartas lágrimas para vencer con ellas la pujanza del agua, aplacando al Señor que la movía. Cuya clemencia se mostró allí como siempre, poniendo límite al crecimiento, a la hora de medio día, porque aunque siempre el agua fue corriendo por el espacio de tres días, era esto al peso a que había llegado a esta hora, sin ir en más aumento como había ido hasta entonces. Finalmente, fue bajando el agua al cabo de tres días, habiendo muerto más de mil y doscientos indios y gran número de reses, sin contarse aquí la destrucción de casas, chacras y huertas, que fuera cosa inaccesible”. A este “Gran Terremoto de Valdivia de 1575”, como se le menciona en la literatura, se le asignaba una magnitud del orden de los 8.5 grados en base a los datos históricos. No obstante, considerando que afectó la misma región del terremoto de 1960, que su epicentro macrosísmico se ha localizado muy cerca de la ciudad de Valdivia (al igual que el de 1960) y que las descripciones de lo ocurrido en 1575 se asemejan tanto a las de 1960, es difícil no pensar que fueron eventos de magnitud similar, lo cual conduce a estimar que el período  de retorno para esta clase de eventos gigantescos debe ser superior a los 300 años para esa región. En efecto, luego del análisis de registros geológicos correspondientes a los últimos dos mil años, un grupo de científicos (Cisternas, et al 2005) concluyó que el sismo predecesor del gigante de 1960 fue el terremoto de Valdivia de 1575, estableciendo estos autores un período de retorno de 285 años al menos.

Retomando la discusión inicial acerca del terremoto de Japón, lo que realmente causa asombro y resulta difícil de comprender es que en ese país, ícono de la sismología mundial, que ha sufrido en promedio un tsunami cada 80 años y que le dio el nombre a esta clase de eventos, existan plantas nucleares cerca de la costa, y localizadas frente a un sistema de fallas potencialmente generadoras de tsunamis, carentes de un sistema eficiente de protección ante estos poderosos fenómenos.  Lo que ocurrió en Sumatra en el año 2004 (cientos de miles de víctimas por causa de un terremoto y tsunami inesperados, que llegaron a lugares extremadamente vulnerables)  y la historia que se repite en Japón en el 2011 (con la novedad del riesgo de desastre nuclear), ponen en evidencia que nuestra civilización no está aún preparada para estos eventos gigantes, que cada día aumenta la presencia de obras humanas vulnerables en sitios susceptibles a estos eventos, que es necesario revisar exhaustivamente la información histórica y geológica en busca de cualquier dato que permita conocer la recurrencia de estos gigantes y, mientras tanto, planificar en función del peor escenario orientando esfuerzos hacia la gestión de riesgo en las comunidades. Actualmente no se sabe ni cuándo ni dónde llegará el próximo gigante; lo que sí está claro es que no estamos preparados para ser sus anfitriones.

Referencias:

-Cisternas, M; Atwater, F; Torrejón, F; Sawai, Y; Machuca, G; Lagos, M; Eipert, A; Youlton, C; Salgado, I; Kamataki, T; Shishikura, M; Rajendran, C.P; Malik, J; Rizal, Y; Husni, M. (2005). Predecessors of the giant 1960 Chile earthquake. Nature, 2005, vol. 437, p.404-407.

-Manns, P.(1972) Los terremotos Chilenos. Colección Nosotros los Chilenos. Nº 16. Editorial Quimantú.  

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