Hace ya muchos años, a principios del siglo XVII, el rey Felipe III de España se encontraba muy contrariado por causa de unas noticias que había recibido de la Capital Imperial de los Incas (Cusco o Cuzco), según las cuales los pobladores originales de esas lejanas tierras no aceptaban a los rubios santos cristianos y seguían adorando a sus propias divinidades.  Al rey se le ocurrió entonces la idea de encomendar a un artista sevillano la tarea de tallar en madera muy oscura la imagen de un Cristo con facciones indias, el cual se enviaría al Virreinato del Perú, con la intención de que los descendientes de los incas se reconocieran en la imagen y dejaran de adorar al sol y a otras de sus antiguas deidades.

Figura 1: Imagen del Señor de los Temblores. Aparentemente su color oscuro se debe a que el material usado en su elaboración (cuerpo de fibra vegetal de lino, cabeza con maguey, brazos y piernas con madera de balsa de la región) es muy resinoso y cambió su coloración con el tiempo y por la exposición al humo, al incienso y al calor de las múltiples velas que iluminan permanentemente su capilla en el interior de La Catedral. Algunos fieles piensan que es en realidad un Cristo indígena y su color se hace más oscuro a medida que realiza milagros. Actualmente es el Patrón Jurado de Cusco y su procesión se realiza los lunes de semana santa. Las imágenes a los lados del Taytacha de los Temblores corresponden a San Juan Bautista y La Virgen Dolorosa.

 

Así se hizo y una vez lista la imagen fue llevada a un puerto español desde donde inició un largo y tormentoso viaje en barco, que la condujo hasta el  puerto del Callao en la costa peruana. Una vez allí la imagen continuó su viaje al Cusco bajo la responsabilidad de unos arrieros. Tras varios días de dura travesía, en los que recorrieron mas de 500 km de selva y montaña, llegaron al pueblo de Mollepata, ya muy cerca de su destino final, donde decidieron descansar antes de emprender las etapas finales de su viaje, en las que recorrerían unos 60 km mas hasta Cusco. Resulta que al día siguiente, cuando quisieron partir, la imagen del Cristo se tornó tan pesada que resultó imposible moverla del poblado, hecho que fue interpretado por los pobladores del lugar como un claro mensaje de que el Cristo deseaba permanecer allí. Ante esta vicisitud el jefe de los arrieros decidió, en secreto, encargar a un artista local la talla de una imagen similar, la cual resultó un tanto menos refinada y elaborada con materiales locales que no eran tan oscuros (este secreto dejó de serlo mucho tiempo después, cuando al realizar la restauración de la imagen se descubrió el uso de técnicas locales y madera agave americana en su confección, figura 1). Esta segunda imagen fue la que arribó finalmente a la Catedral de Cusco, donde fue bautizada por los feligreses como “Señor de la Buena Muerte”. La llevaron a la Catedral donde permaneció casi olvidada durante mucho tiempo hasta que, años mas tarde, en 1650, a las dos de la tarde del Domingo de Ramos, ocurrió un terrible terremoto que destruyó la ciudad de Cusco.

Figura 2: A la izquierda se observa una imagen del aspecto de la ciudad de Cusco antes del terremoto de 1650, tal como aparece en un mural elaborado en base a datos de la Capital Imperial y al lienzo que se presenta a la derecha, conocido como “Panorama de Monroy”, el cual ilustra el aspecto de la ciudad luego del terremoto, vista desde el sitio de la Catedral. Al comparar ambas imágenes es muy claro que los daños se concentraron principalmente en la parte colonial de las edificaciones. El mural se encuentra en el templo de Qorikancha y el lienzo en la Catedral.

Según los testimonios de algunos feligreses, en este terremoto “la tierra se estremeció violentamente durante lo que se tarda en rezar tres Credos, tiempo en el que derrumbó templos, conventos, casas reales y haciendas” (figura 2). Aunque esta manera de medir el tiempo puede parecer muy imprecisa, arroja un dato muy útil si solo se desea estimar el “tamaño del terremoto”. La duración de las vibraciones sísmicas que causan daños materiales, en el caso de terremotos de magnitud cercana a los siete grados, es del orden de 20 a 30 segundos. Para eventos mayores a siete grados este tiempo puede superar los 50 segundos y el comentario acerca de “lo que se tarda rezar tres Credos” parece confirmar que el sismo de 1650 corresponde a este último caso. El tiempo promedio necesario para rezar una vez esta oración es del orden de 33 segundos, por lo que rezar el Credo tres veces requiere de un tiempo de unos 100 segundos. Entonces es factible pensar que la magnitud de este sismo de 1650 es por lo menos superior a los 7.5 grados, resultado que se corresponde bastante bien con las descripciones de lo ocurrido en aquel entonces y con el valor promedio aceptado actualmente. Este gran evento fue seguido por muchos sismos mas, cientos de réplicas, algunos tan fuertes que derribaron edificaciones que habían sido dañadas con el primer terremoto. Ni siquiera los curas tenían un lugar donde refugiarse, porque los templos se vinieron al suelo, o quedaron en tan mal estado que amenazaban ruina, incluyendo la Iglesia de La Compañía de Jesús (figura 4). La Catedral quedó en pié, pero sufrió daños estructurales importantes, incluyendo el derrumbe de varios de sus arcos. Los días que siguieron fueron de llantos y plegarias implorando el perdón del cielo. Salieron múltiples procesiones llevando las imágenes de diferentes vírgenes y santos (similares a la que se ilustra en la figura 3), que eran seguidas por mujeres con los rostros cubiertos de ceniza, que golpeaban su belleza como una forma de castigo a su propia vanidad. Los hombres caminaban arrastrando pesadas cadenas que llevaban enrolladas en sus cuellos, y lloraban prometiendo reconocer a sus hijos, no faltar a sus mujeres y honrar a sus padres. Sin embargo todo parecía en vano, los temblores continuaban sembrando angustia y desolación en los ya atribulados pobladores de Cusco y los pueblos vecinos. Parecía que se avecinaba el fin del mundo, incluso algunos volcanes de la cordillera lanzaron llamaradas, la tierra continuó estremeciéndose a cada rato hasta el día venturoso en el que varios vecinos decidieron entrar a La Catedral y sacar al Cristo moreno que estaba olvidado en un rincón de la iglesia para llevarlo a la plaza de enfrente, donde se hincaron a rezar e implorar el perdón de Dios: milagrosamente los temblores comenzaron a ceder espacio a la calma y así nació el culto a Taytacha de los Temblores (el Señor de los Temblores). Para ese momento el Cusco colonial casi había desaparecido, solo quedaron intactos los muros incas de la Capital Imperial (figura 2). Este es un hecho realmente notable: muchas de las edificaciones importantes de Cusco están construidas en dos fases diferentes, tanto en tipología como en edad: en la parte baja se observan muros que obedecen evidentemente un diseño sismoresistente, compuestas por rocas espectacularmente talladas, sobre los que se ha construido, en la parte alta, edificaciones de estilo colonial español muy poco resistentes a los terremotos  (¿prosísmicas?), con paredes de tierra (adobe o tapia) y pesados techos de tejas (figura 3).

Figura 3: En Cusco las procesiones continúan hoy en día con tanto fervor como en aquellos aciagos días de 1650 (izquierda, con La Catedral al fondo, procesión de la Virgen del Carmen, 16 de Julio del 2008). En la imagen a la derecha se observa uno de los espectaculares muros incas construidos con rocas talladas, trabadas y amoldadas entre sí, sosteniendo una construcción de tipología colonial. Note que los muros presentan una cierta inclinación hacia el interior de la edificación (de estilo piramidal), que contrasta con la aplomada pared colonial. No es muy claro como lograron (hace casi 600 años) acoplar de esa forma semejantes bloques de roca: algunos lugareños piensan que los incas poseían una técnica que les permitía “ablandar” las rocas para moldearlas mientras elaboraban los muros.

Los muros de roca son de origen incaico, elaboradas antes de la llegada de los colonizadores españoles y es fácil afirmar que son sismoresistentes porque han soportado varios terremotos, uno de los cuales es el de 1650 objeto de este escrito, el cual puede ser calificado, según el argot de moda, como un megaterremoto, que destruyó por completo las construcciones coloniales levantadas sobre los mencionados muros.

Figura 4: Iglesia de la Compañía de Jesús durante un atardecer en Cusco.

 

Resulta irónico saber que los Incas ya conocían técnicas de construcción sismoresistente hace mas de tres siglos, pero nuestra cultura ha continuado construyendo “prosismicamente” durante casi todo ese tiempo.

 

Referencias:

1.- EVALUACIÓN DE LA VULNERABILIDAD SÍSMICA DE LA CATEDRAL DEL CUSCO.  Centro Peruano Japonés de Investigaciones Sísmicas y Mitigación de Desastres. Facultad de Ingeniería Civil, Universidad Nacional de Ingeniería.

2.- La Parroquia de Hospital de los Naturales en el Cusco Colonial (1572-1821). Arq. Jessica Esquivel Coronado.

Tags: , , , , , , , , , , , , , , ,

Leave a Reply

You can use these tags: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

*