La noche del cinco de Mayo del 2012 muchos habitantes de Mérida miraban al cielo con la esperanza de que la luna venciera a las nubes para exhibir su máximo esplendor, mientras que otros cientos o miles estaban atentos al inusual rumor del caudal del río Albarregas, temiendo que éste volviera a crecer como lo hizo los días 23 y 25 del mes anterior, cuando la fuerza del río dañó varias viviendas y algunas instalaciones del sistema de tomas y tuberías que surten de agua algunos sectores del norte de la ciudad, las cuales han venido inundando su cauce de un tiempo a esta parte (figura 1). Otros rumores también intranquilizaban a la población, pero provenían de las redes sociales, llenas de comentarios y versiones exageradas acerca de lo que estaba ocurriendo, motivando un comportamiento inusual, tanto de la población como de sus organismos, dejando en evidencia el gran poder que podrían tener como mecanismo de comunicación para prevenir o mitigar los efectos de esta clase de eventos, sobre todo si sus usuarios comprenden un día ese poder.

Figura 1: Crecida del Albarregas los días 23 y 25 de Abril del 2012. El muro fue construido con la pretensión de proteger el talud y la conexión de la tubería.

El río Albarregas divide longitudinalmente a la ciudad de Mérida en dos grandes sectores, el casco histórico al sur este y “la otra banda” al noroeste (figura 2), razón por la que algunos han pensado en su cauce como el área ideal para diseñar un parque metropolitano que permitiría establecer un eje de ordenamiento urbano de la ciudad, mientras que otros lo visualizan como un espacio para construir vialidad, pero lo que ha ocurrido en la práctica es que ha sido invadido por viviendas e instalaciones y convertido en una cloaca abierta a partir de las primeras décadas del siglo pasado.

Figura 2: Vista aérea del Cauce del Río Albarregas (cortesía de C. Ferrer). A la izquierda del cauce se observa el “Casco Histórico” y a la derecha el sector “La Otra Banda”. En el círculo amarillo se encierra el barrio “La Vega del Hospital” y en el círculo rojo las “Residencias La Ribera”, nombres muy sugestivos acerca de su ubicación.

Es difícil saber cuál es la mayor crecida histórica de este río porque no existen datos objetivos acerca de ellas (mediciones de aumento de caudal o valores de cotas de desborde por ejemplo) y solo se dispone de algunos relatos y noticias de prensa que no permiten establecer buenas comparaciones debido a que el paisaje asociado a su cauce ha cambiado paulatinamente, pasando de ser eminentemente rural (antes de 1945) a ser casi urbano luego de la fundación de los primeros asentamientos que ocuparon sus vegas: Pueblo Nuevo en 1945 (el barrio más antiguo de Mérida) y La Vega del Hospital en 1948 (Pérez, 1973). Casi todas las vegas del río han sido ocupadas posteriormente (figuras 1 y 3) y se estima que más de 25 mil personas habitan hoy día el área comprendida dentro de su área de inundación. Sin embargo, es casi una certeza que la mayor crecida conocida del Albarregas ocurrió el día 14 de Noviembre del año 1926 porque  los relatos acerca de ese evento no dejan dudas de ello y hacen temer por los escenarios de daños que se observarían en la actualidad si se repitiera un evento similar.

Figura 3: Crecidas del 23 y 25 de Abril del 2012. El tanque anaranjado cayó al río luego que la terraza artificial plana (al fondo de la figura) resultó socavada por la crecida. El perfil del talud de esta terraza indica que no es un depósito del río, sino que fue “construida” dentro del cauce, usando desechos y escombros para “ganarle espacio al río”.

Hace ya casi 86 años, como a las 10 de la noche del sábado 13 de Noviembre de 1926, las nubes que se habían acumulado hacia el norte de la ciudad, sobre los sectores de Santa Ana, La Hechicera y Monte Zerpa, dejaron caer un intenso aguacero que se prolongó toda la noche y hasta la madrugada del día siguiente, causando mucha intranquilidad en la población (Diario Patria, edición del 16 de Noviembre de 1926, versión en microfilm, Biblioteca Tulio Febres Cordero). Las primeras luces del día llegaron acompañadas por la Gran Crecida del Río Albarregas: todas las vegas a ambos lados del río fueron cubiertas por éste y arrasadas por las formidables rocas y troncos de árboles que éste arrastraba, con la pérdida de muchos conucos y sementeras, al mismo tiempo que todos los puentes entre las poblaciones de Mérida y La Punta se cayeron por causa del violento embate de la crecida. Un hecho notable de ese día fue que varios bueyes y vacas fueron arrastrados por la creciente frente a la ciudad de Mérida, siendo envueltos por el violento caudal, que los transportó casi siete kilómetros y los dejó todos destrozados en las riberas del río cerca del sector de Las Tapias, donde fueron encontrados en los días siguientes (esta descripción da idea de la clase de fluido involucrado y su energía). En ese entonces los únicos habitantes del área cercana al río eran campesinos, que pasaron esa noche sin dormir, asustados por el ruido atronador de las inmensas rocas arrastradas por el Albarregas, al golpearse entre ellas mientras se precipitaban violentamente por el abrupto cauce.

El río Albarregas ha experimentado crecidas torrenciales luego de esta fecha de 1926 (Sánchez, 2004), por ejemplo en septiembre de 1932 cuando el río arrastró a una mujer, dejándola a unos 100 metros aguas abajo, toda magullada pero viva; o en Mayo de 1983, ocasión en que los habitantes de los barrios Pueblo Nuevo y Simón Bolívar protestaron solicitando la construcción de un muro para proteger el sector de las crecidas del río; el trece de Octubre de 1987 los vecinos del sector La Vega de Zumba pasaron horas de zozobra ante la amenaza de que el río se llevara el muro que protege a esta barriada. Sin embargo,  a ninguno de estos acontecimientos le corresponde una descripción que permita compararlos  con la Gran Crecida del Albarregas del año 1926, de tal forma que pueden ser considerados como eventos ordinarios que cada día parecen más amenazantes en virtud de que ha ido aumentando la construcción de vulnerabilidad en el área de inundación del río Albarregas.

A pesar de todas sus crecidas de advertencia, como las de 1932, la del 83 o las del pasado mes de Abril, pareciera que nadie hace casi ningún caso y siguen “apareciendo”  elementos urbanos, sin diseños visiblemente especiales que garanticen su integridad en función de su localización, en sitios que pueden ser considerados como propiedad del río. Es así que cuando el Albarregas repita una crecida como la de 1926 se va a encontrar con una ciudad que ha violado los límites del parque, “inundando” con casas, instalaciones, tuberías, calles y muros pretenciosos (figuras 1 y 3) todas las vegas y “playas” del río, así como también los taludes que limitan su cauce.

Referencias Bibliográficas

-Pérez, R. (1973) Marginalidad en la Ciudad de Mérida, Venezuela. Sección de Planeamiento, Centro de Investigaciones, Facultad de Arquitectura, ULA.

-Sanchez, C. (2004) Noticias acerca de crecidas torrenciales de ríos andinos reportadas en el periodo 1900-2004. Informe Técnico Interno, Fundación para la Prevención del Riesgo Sísmico (FUNDAPRIS).

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