Las inundaciones y deslizamientos de tierra que aquejan a Pakistán, India y a una gran parte del territorio de China han puesto de nuevo en primera escena teorías de conspiración. En casi cualquier reunión donde se mencione el tema, ya sea en un café, en una fiesta, o en la cola de un banco, la conversación se orienta hacia los “bien conocidos” laboratorios de maldad de las potencias mundiales, cuya acción se hace casi explícita con las “evidentes manipulaciones artificiales” del medio ambiente y el posible uso de armas biológicas para favorecer epidemias bien localizadas en los sitios elegidos como conejillos de indias. Las teorías de conspiración comprenden explicaciones de casi cualquier evento de interés, distintas a las aceptadas por la mayoría, que llevan a conclusiones tales como que Elvis Presley sigue vivo, hasta que el hombre no llegó a la luna, pasando por la “explicación” de la construcción de las pirámides como obra de seres extraterrestres y la fabricación artificial del virus del SIDA para atacar grupos humanos previamente seleccionados. En el caso de los desastres socio naturales resulta cómodo creer esta clase de teorías de conspiración, en parte porque nos libera de nuestra responsabilidad ante la constante generación de condiciones de riesgo: son unos seres malvados y ambiciosos quienes controlan esos eventos. Esta forma de enfocar el problema de los desastres nos coloca en un estado de atraso similar al que existía cuando se le atribuía su responsabilidad a “Dios”: era una decisión divina y los hombres no podían hacer nada en contra de ella. No obstante, la realidad es que la responsabilidad de esta clase de eventos recae directamente sobre los seres humanos, instituciones, gobiernos y organismos constructores de vulnerabilidad.
Figura 1: Pintura del artista venezolano Cesar Rengifo, realizada hacia 1956, en la que se representa a un grupo de personas que huyen de una inundación que cubre su mundo, llevando con ellos unas pocas pertenencias. Esta obra se encuentra en el edificio del Rectorado de la Universidad de Los Andes.
En el caso particular de los desastres socio naturales el argumento más común para justificar su nuevo carácter de obra científico-tecnológica consiste en afirmar que estos eventos no ocurrían con tanta frecuencia ni hacían tanto daño como en el presente, por lo tanto muchos de ellos deben ser provocados para favorecer los intereses sociales, políticos o económicos de alguna potencia terrestre o no (en algunos casos se habla de la posibilidad de que seres extraterrestres ensayen esta clase de acontecimientos como una posible forma de control de la población del mundo). Sin embargo una revisión rápida de cualquier catálogo mundial o regional de eventos tales como terremotos, huracanes, erupciones volcánicas, etc., pone en evidencia la debilidad de ese argumento. En el caso particular de las inundaciones, la historia abunda acerca de cientos de desastres relacionados con ellas desde los tiempos de las primeras poblaciones humanas. Basta con recordar que más de 400 civilizaciones diferentes incluyen en su cultura el tema de las grandes inundaciones (figura 1), como por ejemplo el Diluvio Universal descrito en La Biblia. De acuerdo con Raúl Estévez (“Terremotos, arqueología y la ira de Dios”, Facultad de Ciencias Universidad de Los Andes, conferencia dictada en el marco de “La Charlorra”: http://lacharlorra.blogspot.com/), el primero de estos mitos se encuentra en el poema “La Epopeya de Gilgamesh”, según el cual el Dios Ea le comunica a Utanapishtin la decisión de los dioses de destruir la humanidad en una gran inundación. Gilgamesh era el rey de Uruk, reino fundado en la parte baja de Mesopotamia, entre los ríos Tigris y Éufrates, sobre sus pantanosas llanuras de inundación. Es muy probable que para estos descendientes de los sumerios, 4500 años antes del inicio de la era cristiana, “la humanidad” estaba constituida por los habitantes de ese gran valle de Mesopotamia. Este poema fue escrito mucho tiempo antes que el relato acerca del diluvio bíblico, pero no es un caso único ya que en muchas otras culturas se encuentran relatos acerca de inundaciones catastróficas. Las mitologías de muy diversos pueblos, tales como los persas, fenicios, los lituanos y los celtas contienen cuentos, relatos y descripciones acerca de grandes inundaciones que fueron enviadas por algún Dios (o dioses) con la finalidad de castigar a los seres humanos caídos en desgracia ante sus ojos. En algunos casos existen algunas semejanzas con la narración bíblica del Diluvio Universal, pero en otros casos no es así. Se podría decir que cada tribu africana posee algún relato acerca de una gran inundación que los destruyó en el pasado; en América los conquistadores españoles se encontraron con culturas en las que había leyendas y mitos que hablaban de grandes inundaciones que casi habían destruido el género humano mucho tiempo antes de la conquista. Resulta muy difícil asegurar que se trató de un gran diluvio que afectó a todas estas culturas ya que, cronológicamente hablando, esas grandes inundaciones ocurrieron en momentos muy diferentes de acuerdo con las épocas en que fueron escritas las narraciones mencionadas. Es probable que se tratara de eventos que afectaron todo el ámbito geográfico de cada una de estas culturas, todo su mundo, y por esa razón fueron asimiladas como inundaciones mundiales, o diluvios universales. Lo cierto es que desde hace más de diez mil años, cuando los humanos comenzaron a abandonar la forma nómada de vida, fundaron sus primeros asentamientos en valles cerrados, cerca de las fuentes de agua. Es así que las llanuras de inundación de grandes ríos han sido ocupadas por diversas comunidades humanas y son el asiento de grandes e importantes ciudades, de tal forma que los primeros desastres socio naturales asociados con inundaciones ocurrieron apenas un poco después de la fundación de los primeros poblados. De este hecho dan cuenta cientos de mitos y leyendas, escritos antiguos, la Biblia, tradiciones orales, obras de arte (figura 1), etc. Hoy en día ya no se habla de inundaciones mundiales o diluvios universales porque la intensa comunicación global ofrece la posibilidad de que se conozcan los límites geográficos de esta clase de eventos casi en tiempo real. Incluso se pueden visualizar sus efectos mediante imágenes satelitales que permiten cuantificar el grado de afectación de una determinada región.
En el caso actual de las inundaciones en Pakistán la explicación es conocida desde hace ya mucho tiempo: la mayor parte de su territorio es muy árido y escabroso, de tal forma que casi toda su población habita en la gran llanura del río Indo (figura 2). El comportamiento de este sistema fluvial está fuertemente influenciado por los vientos Monzones, los cuales se mueven desde el Mar Arábigo hacia el sub continente Indio (La India, Pakistán, Bangladesh) en el periodo Junio – Agosto (figura 2, flechas rojas). En promedio, la superficie del sub continente Indio se calienta mas rápidamente que la superficie del Mar Arábigo, el aire que se calienta sobre el continente asciende creando una zona de baja presión mientras que el aire fresco sobre el mar forma una zona de alta presión relativa. Las corrientes de aire se mueven desde zonas de alta presión a zonas de baja presión relativa, de forma tal que los vientos cargados de humedad sobre el Mar Arábigo se mueven hacia el sub continente Indio, ascendiendo paulatinamente sobre él hasta llegar a la barrera montañosa constituida por la Cordillera del Himalaya, donde los vientos alcanzan alturas que superan los 7000 metros sobre el nivel del mar (la altura del Monte Everest es de 8470 msnm), condensando su humedad y descargándola sobre las potentes cuencas de los ríos de la región, entre ellas la del río Indo (figura 2).
Figura 2: Las flechas rojas indican la dirección de movimiento de los vientos Monzones, que viajan cargados de humedad desde la zona de alta presión relativa sobre el Mar Arábigo hacia la zona de baja presión relativa del sub continente indio. Al llegar a la cordillera los vientos ascienden bruscamente condensando su humedad. Sobre el territorio de Pakistán destaca la mancha verdosa correspondiente al fértil y húmedo valle del Río Indo, zona donde habita la mayor parte de la población.
No siempre se producen inundaciones extremas porque las características del monzón dependen de muchas variables y no obedecen un comportamiento estrictamente cíclico, de tal forma que aún con los adelantos científico tecnológicos actuales no es sencillo predecir con éxito lo que ocurrirá en un periodo determinado. Pakistán, tal como se le conoce actualmente, es un país relativamente nuevo, ya que anteriormente su territorio formaba parte de la India Británica y se constituyó como nación el 14 de Agosto de 1947 al terminar el dominio de los ingleses. Ese territorio que se conocía como India Británica ha sido afectado por inundaciones cientos de veces en su historia, generalmente por causa del comportamiento de los vientos Monzones, que suele resultar extremo en algunos casos, y es así que la cultura Hindú tiene su mitología propia acerca de un diluvio universal ocurrido hace ya miles de años. Puede parecer paradójico, pero la agricultura en Pakistán es posible gracias a la acción de los Monzones, ya que hasta los sistemas de riego artificial en los grandes sembradíos de cereales dependen de las variaciones anuales de estos vientos. Los Monzones, al igual que otros fenómenos naturales en otras partes del mundo, son la bendición de la tierra en el Sub Continente Indio, pero también pueden adoptar un comportamiento extremo y dañar gravemente la vida de millones de personas. Hace muchos años no se afectaba tanta gente ni con tanta frecuencia en estas regiones, pero no es por causa de que algún laboratorio maligno esté controlando hoy en día a los Monzones y la carga de humedad de sus vientos, lo que ocurre en primer lugar es que la población mundial pasó de unos 150 millones de personas en tiempos del Imperio Romano (comienzos de la era cristiana), a 6.867 millones en la actualidad (datos del Grupo de Investigación EUMED de la Universidad de Málaga, España), y que gran parte de esas personas viven en situación de riesgo de desastres porque nuestras civilizaciones se han desarrollado en el ámbito de diversas amenazas naturales sin tomar en cuenta este hecho.
REFERENCIAS:
Beazley, Mitchell. (1990). Asia Occidental y Meridional, Editorial Círculo de Lectores, Bogotá, 1990.
Ayllón, Teresa (2009) Elementos de Metereología y Climatología. Editorial Trillas. México
http://lacharlorra.blogspot.com/
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